viernes, 11 de abril de 2008









¿SOMOS SOSTENIBLES?
Araceli Reymundo Izard. Arquitecto.
Tfno.: 922.24.61.82
Santa Cruz de Tenerife artículo publicado en prensa local 12-02-06


El pasado 1 de Febrero, el CSCAE (Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España) convocó en Madrid a un grupo de expertos de todas las comunidades españolas que se encuentran trabajando en temas de sostenibilidad y ahorro energético. El panorama empieza a requerir la adopción de medidas urgentes: Según viene recogido en el informe que el CSCAE emitió en ésta ocasión: “España se encuentra en el puesto 20 de los 29 países europeos analizados en materia de protección del medio ambiente”. El autor del informe afirma que “España ha elegido un mal camino: crecer económicamente a costa del medio ambiente, con gran participación de la construcción, algo que a la larga pasa factura”. De hecho la está pasando ya. ….“Estamos muy lejos de iniciar el camino adecuado para poder cumplir el protocolo de Kyoto en reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Tan lejos que, en vez de disminuirlas, España ha aumentado entre los años 1999-2003 un 41,7% dichas emisiones, mientras que Alemania las ha reducido en un 18,25% y el Reino Unido un 13%. ….La construcción consume en el proceso edificatorio más del 40% de los recursos materiales, el 33% de la energía y es causa del 50% de las emisiones y deshechos, transforma ingentes cantidades de suelo de forma irreversible y crea millones de toneladas de residuos para alcanzar un producto final, en la mayoría de los casos, una vivienda ineficiente desde el punto de vista energético. Una edificación responsable podría abaratar la factura de energía en un 87%.”

Los canarios vivimos en un territorio privilegiado desde el punto de vista del clima, uno de los más benignos de España, pero no es cierto que en todo el archipiélago tengamos un solo clima como han determinado históricamente las normativas térmicas que han afectado a la edificación Canaria. Todos sabemos que en nuestras islas no es lo mismo vivir en una casa en la vertiente norte que en la sur, ni en la costa o en zona de medianía, ni en una zona expuesta al viento o en una resguardada del mismo.

Esta falta de precisión y unas normativas adaptadas de países con climas más fríos, han significado un cierto “relax” a la hora de determinar los comportamientos de los sistemas constructivos mínimos exigidos en las edificaciones y a menudo hacen que se esté mejor en la calle que dentro de los inmuebles, en cuanto la temperatura exterior tiene la más ligera oscilación.

Somos una comunidad que vive básicamente del sol y del medio ambiente y lo cierto es que no estamos sacando el máximo partido a ninguno de los dos:

En cuanto al sol, estamos muy lejos de aprovechar su energía ya que seguimos dependiendo del petróleo en un 98%. Ni que decir tiene que no siendo el petróleo un recurso ni renovable ni propio y con la situación internacional actual, suena bastante alarmante o cuanto menos insensato no adoptar medidas para evitar esta enorme dependencia.

Pero no es sólo eso: tampoco estamos construyendo de forma que aprovechemos la radiación solar al máximo en las zonas climáticas más frías ni protegiéndonos de él en las más cálidas y eso se traduce inevitablemente en que, para estar en condiciones de confort dentro de las viviendas, el futuro usuario debe consumir enormes cantidades de energía (en calefacción y aire acondicionado) en detrimento del medio ambiente.

Afortunadamente, el ahorro energético ha pasado a ser un tema prioritario en las directrices europeas y se estima que a finales de Febrero con la aprobación del nuevo CTE (código técnico de la edificación) se van a endurecer las medidas en varios aspectos, y en el tema que nos ocupa en particular, se produce un ligero avance en cuanto a exigencias en las construcciones a realizar o rehabilitar en el clima canario.

Pasaremos de tener una sola zona climática a tener dos: una desde la costa hasta los 800 m de altitud y otra a partir de los 800 m. Esto no es mucho ya que Santa Cruz y La Laguna, por ejemplo, estarían dentro de la misma zona climática y como todos sabemos esto no es real. Pero el paso importante, y esto si que supone un gran avance en materia de ahorro energético, es que en ambos climas el CTE limita la “transmitancia” (o conductividad térmica) de los muros exteriores de la edificación, es decir, el típico muro de 0.20 ó 0.25 cm de espesor NO cumplirá la norma si no se le pone aislamiento térmico.

Incorporando aislamiento térmico a la envolvente de los edificios, estos se comportarán mejor en condiciones extremas de verano, protegiéndose adecuadamente de sobrecalentamientos, y también en condiciones igualmente extremas de invierno, evitando pérdidas energéticas. Eso favorecerá el no tener que recurrir a los sistemas enchufables que suponen demandas “pico” a la red de abastecimiento eléctrico que aumentan el riesgo de desagradables episodios como el apagón de Palma de Mallorca en uno de los momentos más caluroso de sus veranos.

La arquitectura bioclimática

Pero los canarios tenemos muchos más recursos que no estamos utilizando para ahorrar la energía que no tenemos: la arquitectura bioclimática, que en Canarias resulta eficaz como en ninguna otra comunidad española. Por lo benigno de nuestro clima, sólo con sistemas pasivos (es decir, estudiando adecuadamente el diseño de las construcciones) y unas adecuadas estrategias constructivas (que ahora el CTE hará en parte obligatorias) podemos estar en confort durante todo el año en 34 de los 36 pueblos y ciudades con más población de nuestras islas. Necesitarían sistemas activos, por ejemplo Valleseco (en Gran Canaria) y La Esperanza (en Tenerife).

Y aplicar estas estrategias es tan sencillo que lo realmente asombroso es que no se esté haciendo ya como práctica habitual. Tan sencillo, que tiene mucho que ver con los criterios que utilizaban nuestros antepasados a la hora de construir sus viviendas, por lo que les costaba corregir el confort de la vivienda a posteriori si no lo tenían en cuenta en la fase de proyecto. Sabían perfectamente qué ladera debían elegir para construir sus asentamientos, cual era la orientación adecuada para sus casas (el sur, siempre el sur, no sólo porque es más fácil captar sol si fuera necesario, sino porque es más sencillo protegerse de él si no lo es), de dónde venía el viento dominante y si lo necesitaban para disipar humedad y disminuir la sensación de calor en verano, o si debían protegerse de él…

El proceso frenético de globalización de la información, de la economía, de la construcción…así como la enorme disponibilidad energética que hemos vivido durante el Movimiento Moderno, ha hecho que estas consideraciones pasen a un segundo plano, prevaleciendo estéticas “perfectamente extrapolables” a todas las latitudes ya que las condiciones de confort se solucionaban posteriormente con desmesuradas demandas energéticas. Pero los tiempos han cambiado y estos planteamientos tan poco sostenibles están pasando factura. Y no se trata ya de discutir cuánto petróleo le queda al planeta: los humanos consumimos los recursos energéticos mucho más rápido de lo que el planeta los genera y cuanto más tardemos en adoptar medidas correctoras, menos margen de maniobra tendremos.

No es difícil difundir este mensaje y es tarea de las administraciones (Gobierno, Cabildos) acometerla con seriedad y eficacia. No hay nadie que no quiera habitar en una vivienda que tenga el confort garantizado sin apenas mantenimiento, y a la administración sólo le costaría informar para que el usuario lo demande y los promotores, por tanto, lo ofrezcan. Pero estamos acostumbrados a elegir nuestra vivienda, la inversión más importante de nuestra vida y donde pasaremos el mayor número de horas (en confort económico, caro o imposible) estudiando solamente la distribución y la relación €/m2, sin tener en cuenta aspectos tan fundamentales para el bienestar como la orientación o los sistemas constructivos, ni incluir en los balances económicos los gastos en consumo posteriores.

El costosísimo experimento de las 25 viviendas bioclimáticas del ITER, desarrollado con un enorme esfuerzo profesional por parte de sus responsables está lejos de representar un “catálogo” de viviendas de entre las que cualquier ciudadano medio canario pudiera elegir un prototipo para habitar en él. Algunas de ellas, incluso de entre los primeros premios, necesitarán medidas correctoras de ajuste a las necesidades reales derivadas de condiciones climáticas en nuestras islas para conseguir su confort interior. Esperemos que se adopten las estrategias necesarias para que, después de tanto esfuerzo, todas sean realmente bioclimáticas. Porque si no, correríamos el riesgo de que, después de tanta inversión (entre 180.000 y 240.000 euros cada vivienda según fuentes del propio ITER), la conclusión del ciudadano sea que las viviendas bioclimáticas no funcionan. Se pueden construir viviendas bioclimáticas eficaces con menos presupuesto.

Es más: después de la entrada en vigor del CTE una vivienda bioclimática costará lo mismo que una que simplemente cumpla con las exigencias del CTE (Código Técnico de la Edificación), con la diferencia de que el futuro usuario podría ahorrar hasta el 40% de consumo energético y estar en confort térmico durante casi todo el año “sin enchufar nada” viviendo en una vivienda bioclimática.

El Urbanismo bioclimático.

Otra asignatura pendiente es el Urbanismo bioclimático. En la reunión de expertos de Madrid convocada por el CSCAE era la observación “crónica” por parte de los asistentes: ¿Por qué ya nos hemos metido con la eficiencia energética de la unidad (el edificio como hecho aislado) y aún no nos hemos metido con su manera adecuada de inserción en el territorio?

La explicación que dio la administración en dicha reunión fue desconcertante: que eran políticas que se impulsaban desde el resto de Europa y que la parte de urbanismo aún no se había empezado a mover.

Pero es que los sistemas pasivos donde son realmente eficaces es en los climas templados como el nuestro. En los climas fríos lo más importante es preparar el edificio para que no se “escape” la energía que no tienen más remedio que consumir en calefacción, pues sólo con los aportes solares no sería suficiente. Pero en los climas templados sobre todo en el canario, es fundamental poder captar sol y poder defenderse de él con eficacia en según qué climas y según qué mes del año y por eso el trazado urbano es tan importante y no podemos ni debemos esperar a que la iniciativa la tome Europa con prioridades que pueden no estar adaptadas a nuestras necesidades.

No es lo mismo, en un clima cálido el disfrutar de una fachada sur susceptible de ser protegida del sol con mucha facilidad, que padecer una fachada oeste con enormes sobrecalentamientos. Ni vivir en un piso donde se puedan abrir ventanas de dos fachadas opuestas para favorecer la ventilación cruzada que no tener esta posibilidad. Y tener esta posibilidad o no tenerla la da el Urbanismo: el trazado urbano y la asignación de volúmenes edificables.

La rehabilitación.

Y la otra asignatura pendiente es la rehabilitación. La diferencia entre demoler una edificación y volverla a construir (con lo que esto supone además en materia de generación de residuos), o considerar la rehabilitación del inmueble podría suponer ahorros de hasta el 60% de energía.

En Canarias, como en casi todo el resto del territorio nacional, hemos padecido en los últimos años un ritmo desaforado del crecimiento de la construcción, (por lo general como corresponde a estos períodos de “boom” edificación de mala calidad y bastante poco eficiente), que además no responde exactamente a una ley de oferta-demanda (no hay gente para tanta cama) sino, en muchos casos, a incentivos fiscales que “deforman” el mercado y pasan factura luego al territorio: Así nos encontramos una bolsa colosal de viviendas vacías, cuyos propietarios se han beneficiado puntualmente de dichos incentivos planeando ponerlas en explotación.

El siguiente capítulo es ver cómo se alquila ese enorme y de difícil demanda “parque inmobliliario” y cómo sus propietarios asumirán los intereses crecientes del mercado si gran parte de estas viviendas no llegaran a alquilarse o venderse cuando se cumplan los preceptivos plazos fiscales.

Ante este panorama, ser sostenible no es ya sólo una acuciante necesidad en los tiempos que corren. También será un orgullo para nuestras islas, para los protagonistas del proceso edificatorio: promotores, constructores, técnicos y futuros usuarios, y por supuesto, para los responsables de la administración, si empezamos a cuidar y aprovechar nuestros recursos con sensatez.

Y eso también atrae turismo de calidad…. Cada vez más.



Blogs interesantes de referencia:
http://elblogdefarina.blogspot.com
http://islasterritorio.blogspot.com

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